“Ay, ay, tiene que volver la cultura a Salto”.
Uno escucha esta frase y tiende a respirar profundo, porque si no, se cortaría las venas con el palito de helados Papacho. “Tiene que volver…”, como si la cultura estuviera materializada en un único factor o actor. “Tiene que volver la cultura” (cual si fuera el camello aquél que bajaba calle Uruguay en víspera de Reyes Magos).
La cultura siempre estuvo y siempre estará, independientemente de políticas mal gestionadas o escasez de sus consumidores. Los que tiene que volver es el público. ¡Es la gente!, la que en el fondo es y será siempre el sostén. Gente que se informe, gente ávida por saber, por conocer, por cuestionar. Urge un cambio paradigmático, con todos los actores implicados (y con los que hay que implicar). Un cambio que favorezca a posteriori a ejercer políticas culturales férreas posibilitando la vuelta de la gente, del destinatario final.
Flaco favor le ha hecho el partidarismo a nuestra cultura departamental, y hablo desde los que desde el oficialismo fueron funcionales a una Subordinación de Cultura que funcionó como una ameba, con una persona inepta como referente. Pero también, hablo de los que desde la oposición se encargaron de hacer énfasis, por mera conveniencia partidaria, en las deficiencias de gestión.
Pero han brillado por su ausencia (pa’no decirles que nunca les ví la jeta) cuando determinado evento cultural se desarrollaba en nuestra ciudad, a nivel público o privado, apoyando al actor cultural en cuestión. Esto no va a cambiar tocando un botón, se arrastra de hace muchos años y las consecuencias se han hecho visibles. El daño por inacción se supera con mejor gestión. Pero el daño por desidia, es el peor. Es el que favorece el contagio en la población y las consecuencias terminan en la apatía, el desinterés y el prejuicio para con toda actividad cultural que nos invite a contemplarla.
Quien hasta hace un tiempo era directora del Museo de Bellas Artes me dijo en el período anterior “Todo lo que no sirve lo mandan para Cultura”, evidenciando posiblemente la subestimación de esta órbita por el ejecutivo departamental. Como si esta no fuera generadora genuina de trabajo y enriquecedora del espíritu noble del ciudadano. Hay mucho trabajo por hacer y esto no cambia con esloganes vacuos, sino repensando. Hacia donde queremos ir y con quienes podemos contar.


