Era un niño salteño y veía por la pantalla a una morena gigante con impresionante presencia.
Sus piernas, sí sus piernas: dos escaleras que se balanceaban en una danza frenética.
Las mismas piernas qué inspiraron a Rod Stewart para componer “Hot Legs”(Piernas Calientes), la misma danza que inspiró al mismísimo Mark Knopfler para componerle “Private Dancer”.
El pelo revuelto, furioso, donde seguro se reflejaban mil batallas de una vida violenta.
Su voz inconfundible, potente, avasallante e indómita.
Su presencia me cautivaría desde siempre.
Yo era solo un niño, que no sabía de rocanrol, mucho menos de piernas calientes.
Pero si sabía quién era Tina Turner.


