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CONSECUENCIAS (Por Manuel LLobet)

febrero 23, 2021

 

Cuando vi las escrituras en el mármol de la escalinata del Palacio Veltroni (Palacio de Oficinas Públicas) me indigné una vez más.

 

Podría haber entrado en una adjetivación facilista “Qué se puede esperar de esta generación de adolescentes, criados a memes y a reggaeton”.

Pero primero me pregunté, ¿Qué se podía esperar de mi generación? Y más aún ¿Qué se podía esperar de las generaciones que nos precedieron?

¿Cuántas veces de niños, nos hablaron del Palacio Veltroni?, ¿Cuántas veces vieron en los medios de comunicación a lo largo de los años bregar por el mantenimiento del mismo? ¿Cuántas veces vieron a un par, valorando positivamente este majestuoso edificio? 

Hace mucho que escribo, o hablo, del sentido de pertenencia y la pérdida de este, en cuanto al sentimiento por nuestro legado cultural, (ya sea artístico o arquitectónico).

El centralismo en el campo educativo nos enseñó en la escuela del gran escultor José Belloni y el magnífico monumento “La carreta” situado en el Parque Batlle de Montevideo.

Pero poco y nada, nos hablaron del sanducero Edmundo Pratti, autor de  la escultura ecuestre de José Artigas, en la plaza homónima de nuestro departamento.

Somos conocedores en nuestros primeros años escolares, del Montevideo colonial y sus personajes telúricos en el siglo XVIII. Pero poco sabemos de las historias de vida de los habitantes de nuestra campaña durante el siglo XIX.

Con nuestro legado arquitectónico ha sucedido lo mismo, posiblemente la gran mayoría referencia la Puerta de la Ciudadela emplazada en peatonal Sarandí pero muy pocos referencian la antigua situación de la Puerta que hoy se exhibe en el frente de la Jefatura de Policía  Departamental y que corresponde a su anterior edificio.

Es decir, por más que hoy día, hay muchos actores implicados (por suerte), en recobrar el conocimiento por parte de la población de nuestro legado urbano. 

Hemos pasado muchos años sin aportar como sociedad, una mirada valorativa y sentimental por nuestras construcciones.

En la escuela no nos hablaron del arquitecto Juan Veltroni, nos acostumbramos a ver este edificio y tener vagas nociones sobre el mismo: “la esquina más ventosa de Salto”, “El receptor de los rayos en las tormentas eléctricas” y “el lugar para sacar la credencial”. Aunque increíble parezca, no muchos deben saber que este edificio fue declarado patrimonio arquitectónico histórico de nuestra ciudad en el año 2008.   

Fallamos en la transmisión valorativa a la comuna sobre el Palacio. Fallamos y hemos sido indiferentes ante su estado de abandono, que ha favorecido al derrumbe de sus estructuras y lo que es peor: fallamos en el mantenimiento de su limpieza. Más de una vez hemos cruzado esa esquina, con la altura del pasto a un nivel escandaloso.

Hemos pasado más de una vez y visto en su pared pintadas con aerosol como si  oficiaran de ornamento merced al largo tiempo que ahí llevan sin haber sido eliminadas.

Somos condescendientes cuando un edificio en el mundo es destruido, pero vaya a saber por qué síndrome, somos indiferentes a las condiciones de las arquitecturas de nuestro paisaje urbano.

No hemos pregonado con el ejemplo y estamos pagando las consecuencias.

El acto vandálico que ven en la foto no tiene justificación alguna pero lamentablemente encuentra asidero. Y eso duele.

Llegó la hora de hacernos cargo, por los que estamos, y principalmente por los que vendrán.

 

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