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EL DÍA QUE LLEGÓ LA CARROZA – ADIÓS A DON JACOBO LANGSNER (POR MANUEL LLOBET)

agosto 11, 2020

 

 

Por: Manuel LLobet

 

 

Sentarse a ver “Esperando la Carroza” hace 15 años, con quien suscribe, era una experiencia insoportable.

Además de haberla visto más de una veintena de veces, desde que era chico (soy casi cogeneracional de la película que este año cumplió 35), no tuve mejor idea que grabar el audio en un cassette, permitiendo disfrutar una y otra vez de sus famosos diálogos, que dicho sea de paso, ya los había memorizado.

Es que entrado los años ’60 con el significativo fulgor de la década, un dramaturgo de origen rumano radicado en el Uruguay enviaba a un concurso de la Comedia Nacional el texto de lo que sería considerado muchos años después una obra maestra llevada a la pantalla grande por Alejandro Doria.

La historia se originó en una noticia leída por Langsner en el diario “La Razón”, una pequeña historia en la contratapa (de esas famosas historias incomprobables), donde unos hermanos napolitanos se peleaban diariamente y se robaban mutuamente el cadáver de su difunta progenitora.

Fue esa incomprobable historia tragicómica que inspiró al dramaturgo a presentarla en un concurso, ganándolo.

Un dramaturgo con una inquietante curiosidad, con la mirada radiográfica de la clase media tan parecida en ambas márgenes del Río de la Plata que se fue colando por sus obras como “El Hombre Incompleto”. Las virtudes y las miserias del ser humano reflejadas oportunamente en las caracterizaciones de sus personajes.

Otras de sus obras famosas fueron “Pater Noster”, “Un agujero en la pared “, “Los Ridículos”, “El juego de Ifigenia”.

Recordamos en la pantalla chica los ciclos de “Alta Comedia” o “Atreverse” solo para recordar los más populares, también con la dirección de Doria.

Se fue alguien longevo, 93 años. Es decir, vivió su vida.

La tristeza no deviene de una partida, que a esa altura es algo natural en el ser humano

La tristeza deviene de que se nos van los “espejos”, aquéllos hacedores culturales que permitieron durante años identificarnos con muchas de sus producciones.

Y en un mundo actual, virtualmente sujeto a la vacua instantaneidad de las palabras, de repente se nos va un Langsner.

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