Calamaro en Concordia .
No siempre se da la posibilidad para los salteños, (ni para los concordienses), de tener una figura como la de Andrés Calamaro, ahí nomás. Fueron precios accesibles, para lo que es el mercado de los eventos musicales. Entradas en pesos argentinos y con accesos muy cercanos al escenario. Poquitos pero buenos, los salteños que cruzamos el charco, (debió haberse dado una conferencia de prensa en Salto por parte de la productora, dada la magnitud del artista).
El Estadio Ciudad de Concordia, era el recinto elegido, a poca distancia del Parque San Carlos y el río Uruguay. Una zona de mucho verde, lo que trae aparejado la aparición de insectos los días húmedos. La advertencia del cuidador de coches a la barra fue “¿Trajeron repelente?” pero en tono de “Me imagino que habrán traído repelente” (increíblemente no se sintió mosquito alguno en lo que fueron las dos horas y algo más del recital).
Las puertas estaban habilitadas desde las 19 hs. La zona de exclusión era alejada del ingreso, lo que hizo que la gente tuviera que caminar varias cuadras antes de llegar. Cacheo pertinente, buscando alguna bebida o alimento que “compitiera” con los vendido en el predio. Y ahora sí, ingreso a “platea” o “campo”.
Los primeros ingresos se dirigían a platea pero muchos más al campo, bien cerca del escenario. De a poco se fue colmando el predio, pero vale decir que no se agotaron las entradas. Esto permitió que el público a pesar de la multitud, lo viera cómodamente, tanto en platea como en el campo.
El show arrancó puntual y se extendió por más de dos horas, con bises incluidos para el regocijo del público. “El Día de la Mujer Mundial” fue el tema elegido para la apertura de lo que sería el recital homenaje a los 25 años del disco doble “Honestidad Brutal”, ya casi finalizando la gira 1999 TOUR. Le siguió un clásico como “Cuando te conocí”, “Para qué”, “Te quiero”, “La parte de adelante” Canciones muy celebradas por los salmoneros. La banda integrada por seis músicos, alguno que jugaba de local. Un despliegue instrumental de guitarras eléctricas, a puro riff, con batería y teclados. Mucha energía en el escenario, contagiosa hasta para el mismo Andrés que llegó a cantar casi veinte canciones en el repertorio.
El turno para “Los Aviones”. La noche siguió de “funk” con “Más duele”. Otra no incluída en Honestidad Brutal pero no por eso menos cantada fue “Cuando no estás”. El turno para “Los Rodríguez” con “A los ojos”, y el agite del público. Mucha juventud, qué me asombró para bien. También gente más grande, entusiasta, quienes tuvieron su momento con temas como el clásico “Mil horas” (Abuelos de la Nada). También se incluyó “Con Abuelo”. Ese himno al afecto y respeto de Andrés, por Miguel Angel Peralta, quien fuera líder vocal de los Abuelos de la Nada.
El ritmo tropicalamaro llegó con “Tuyo Siempre”, donde las guitarras eléctricas hicieron una versión muy potente del tema. Andrés con un cencerro y maracas, marcaba el ritmo, ante el goce de la gente. Hasta ese momento se cumplía con las expectativas. Entre medio, no faltó una anécdota de Calamaro sobre su papá, Eduardo Calamaro, con un Gobernador de Entre Ríos amigo del mismo, que le quedara debiendo alguna obra de arte, monedas de oro y botellas de vino. “Seguramente estén enterradas en la marisma del río Uruguay. Sin rencores, ponemos el hombro todos” , (bromeó el músico).
El recordatorio para ilustres poetas entrerrianos y arrodillarse sobre el escenario para besar el suelo que le daba este recibimiento, fueron parte del ceremonial salmonero. La banda se retiraba por vez primera dejando espacio para que el “Olé Olé Olé Andrés” y el clásico “Otra!” se entonaran con efervescencia. Y así volvieron a escena, pero no como un segmento de bises, sino casi como una segunda parte. Ahí fue el turno de “Clonazepam y Circo”, “Paloma” para recordar, “El salmón” “Los chicos” para emocionarse, “Alta Suciedad” para agitar. Y “Flaca” para entender como un artista sexagenario ha perdurado y trascendido generaciones. Trascendencia que se ve reflejada en el afecto rebelde y juvenil que le brinda este nuevo público.
El fervor y agradecimiento fue recíproco entre la banda y los espectadores. Así pasó un show más de Andrés Calamaro comprometido con ese orgullo de artista, de dejarlo todo junto a su banda. Ya no hay tiempo de guardarse algo, sino de darlo todo. Porque si de algo sabe Andrés con su evidente trayectoria y trajinar mundial, es que “vinieron a divertirse y pagaron en la puerta, NO HAY TIEMPO PARA TRISTEZAS, DALE CANTANTE COMIENZA.



























