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LOS SORDOS DEL EVENTO

octubre 28, 2023

 

Me refiero a las personas que han perdido la capacidad auditiva a lo largo de los años. Algo común en el ser humano, es que a medida de que pasan los años, va perdiendo: el pelo, la masa muscular, la rigidez, la libido(ay no!) etc, etc.

El mes pasado, aprovechando un sábado que estaba en Salto, fui a disfrutar de un evento coral en el Auditorio de la Regional Norte.

Por motivos de acústica (supongo), o capaz comodidad. Los oradores no usaban el micrófono en cada presentación. Si bien para la mayor parte, la oratoria se entendía. Una señora sentada en el centro del Auditorio, reclamaba “NO SE ESCUCHA”, no pasó mucho tiempo cuando la misma reclamó nuevamente ¿QUÉ DIJO? NO SE ESCUCHA…

Y así transcurrió el evento sin atender este percance. Es decir, sin que ninguno de nosotros lo atendiera.

Ya promediando el evento la señora gritó a viva voz ¿¿QUÉ DIIIIICE?? – ¡Qué suben los combustibles señora! (pensé en decirle y sonreí por dentro).

Este caso no es aislado, ya que en varias oportunidades sucede que una persona en su afán de oír, se manifiesta en un tono elevado, la elevación del tono justamente deviene de su sordera. Esto lo veo en muchos eventos, pero en casi todos no veo reacción del público, explicándole a la persona o traduciéndole, lo que no pudo escuchar. Y lo que es peor, nunca falta el SSHHH!! inquisidor y apático que demuestra que estamos lejos de ser cabalmente empáticos. Además, no entiendo porqué quieren silenciar al sordo en cuestión. Como si este fuera a denunciar a los infieles, o comentar cual en la sala se hizo la liposucción. Y ni hablar de las personas que están al lado del sordo… es solo observar el comportamiento de los mismos que como Pilatos se deslindan de la situación. En vez de responderle al sordo lo que preguntó, les da una especie de vergüencita y ante la mirada del público para ver quién es el que no escucha, las personas que están al lado del sordo miran como diciendo. “Yo no tengo nada que ver” “El sordo me alcanzó en el auto nomás, porque vivo lejos, pero yo escuché perfecto”.

Eso es tristisimo, porque la persona que no escucha bien, no puede contar a veces, ni con los que tiene al lado. Que encima se avergüenzan de sus reclamos. Y si por ahí le responden, lo hacen bajito, como si se sintiera observados “No escuchaste lo que dijo, dijo que ahora pasan a la ópera de Verdi”.

¡¡¡QUÉÉÉÉ LO QUÉÉÉÉ!!!! retruca el sordo qué no le entendió un pomo a su vergonzoso y poco empático compañero. Hay que entender algo, ¿vieron cuando nos mordemos el labio masticando, y después nos mordemos nuevamente? La primera nos duele y la segunda nos lleva el demonio. Haciendo un paralelismo: el sordo pregunta fuerte la primera, y si le responden bajito, pregunta más fuerte y con justificada molestia. LO QUÉÉÉÉ…

Pienso, cómo nos dificulta salir de ese reposo y responderle en un tono elocuente a la persona que no escucha, por vergüenza de interrumpir el espectáculo. Cuando en realidad, todos los presentes deberíamos responder, todos deberíamos asistirlo.

Todos vamos por ese camino, más o menos lesionados, pero todos atravesaremos una limitación de nuestros sentidos propia del desgaste y del inevitable envejecimiento.

Creo como primera y más acertada medida, utilizar un micrófono que amplifique las voces de los presentadores. Antes que propiciar un clima íntimo, producto de voces tenues prefiero que ninguno de los asistentes quede por fuera, menos si uno de mis paisanos no oye como debe. Los que tenemos voces graves…. la levantaremos, los que no…deberían usar micrófono.

Pero entender, que nadie pregunta desconcertado porque le guste sino por quedar afuera, desintegrado

Si no se cambia esta conducta de indiferencia con un semejante…

Los sordos serán cada vez más sordos y la gente será cada vez menos gente.

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