Cuando estaba cursando quinto año de liceo en el Instituto Osimani y Llerena con 17 años, paralelamente “lo hacía en el Colegio Militar Leoncio Prado”.
Me devoré “La Ciudad y los Perros”. Han pasado muchos años de esa lectura y aún recuerdo los personajes. Entendí que en esta vida podemos ser más afines al “Teniente Huarina” que al “Jaguar” o visceversa.
Recientemente se ha ido un Premio Nobel de la literatura mundial. Un sobresaliente novelista como Mario Vargas Llosa.
Posiblemente junto a Gabriel García Márquez de los mejores novelistas latinoamericanos del siglo XX.
La minuciosa capacidad descriptiva de sus personajes conforme al contexto social que los rodea, nos han permitido en tiempos anteriores a la internet, globalizar nuestra imaginación y ser testigos preferenciales de una América Latina tan noble como despiadada.
Nos queda el deber de perpetuar la difusión de su obra literaria para las futuras generaciones.
Y quién dice que hoy, el realismo mágico en todo su esplendor, posibilite la reconciliación de Álvaro y Gabriel, grandes amigos y novelistas.
DESCANSE EN PAZ MARIO VARGAS LLOSA


